Archivo mensual: septiembre 2011

La Sombra del Gigante

Estaba oscureciendo,
la luz resistíase
a dejar el cielo,
cuando el hombre

suplicando decia:
no me dejes ahora,
ahora no, hay sombras
que no me dejan ver

el sendero.

Se viene rauda la noche,
aunque ya no tengo frío
quédate conmigo,
Gigante de luz,
no me dejes solo

entre tantos miedos….

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PAJAROS EN MI VENTANA

En aquel tiempo, distraída
y concentrada en mi dolor
no veía las flores y tampoco
sentía de la tierra su olor,
allá en el bosque.
Solo aquel pájaro despertaba,
con bullicio,
la vida en mi ventana
y me traía el mensaje
secreto con su canto
de los reinos del amor….

NO TENGO MIEDO

La luz alumbra mi camino

y no me siento sola.

Puedo ver que es de día

en el verde campo iluminado.

La noche quedó atrás de mis pisadas,

las flores perfuman con su aroma

ya no tengo miedo y soy feliz,

porque estas conmigo

y somos uno ahora….

La Casa del Cielo

Quería el verde de la tierra como alfombra

y un árbol donde la luz del sol se dejara ver.

Majestuosa quería la casa de mis sueños

entre otras cosas, pintada al amanecer.

Cual es el sentido del querer en todo

si los sueños flotan en el aire y las nubes

me muestran tu corazon…

El Arbol Solo

El camino de tierra me llevaba al campo donde esperaban por mi.
En aquella curva estaba imperturbable la figura altiva del arbol solo.
Siempre me preguntaba porque estaba alli.
Un dia senti la extraña voz de un pensamiento…
que me decia: es su eleccion ….
En ese momento comprendì que la diversidad de flores, mariposas, pajaros… seres vivos estaban protegidos entre sus ramas.
Que esa era su mision…. ademas de embellecer mi paisaje…

El Resplandor

 

Trata de ver mas allá de ti
la luz que raya en el

 horizonte.
Nitido, brillante, imponente,
el paisaje te espera desde siempre.
Observa su luz resplandeciente
y permite que ilumine tu rostro.
Es el resplandor que lo embellece todo
y que ilumina el sol de tu ternura.
Lo sientes….. ahora …..

LUCIERNAGAS EN LA NOCHE

En  noches cálidas de verano compartíamos largas caminatas por el campo y veíamos lucesitas en el cielo.

Mi abuela decía que eran  estrellas que venían a visitarnos y en mi inocencia escuchaba sus relatos hipnotizada por la magia y el misterio.

Cuando una de ellas se posaba en la rama   de aquel sauce  corría  para verla de cerca y tomarla con mis  manos para que nos iluminara  los dedos .

¿Cuanta luz se necesita  para iluminar tantas noches  sin  luciérnagas en mis pensamientos?